Cuando salimos a los dos días de la boda, no tenía ni la sensación de haberme casado, la verdad, pero me había quitado un gran peso de encima.

Nos dirigimos al aeropuerto de Madrid-Barajas a las 5:00h a.m, casi con los ojos pegados y el cansancio arrastrado.

El vuelo salió a las 6:25h a.m rumbo a Milán y en Milán cogimos otro avión a Bari, el puerto de partida del crucero.

Era la segunda vez que hacía el crucero de islas Griegas y he de reconocer que repetiría incluso una vez más y muchas veces más si es mi marido el que me acompaña....... estoy tan feliz con él, le quiero tanto.

A pesar el calor horroroso, insoportable más bien, y las miles de criaturitas menores de 12 años que corrían sin parar por el barco y saltaban una y otra vez a la piscina, .......volvería, aunque no en el mes de julio o agosto.

Primer punto de parada del crucero; Corfú. La ciudad de los gatos, de aguas transparentes y con un azul intenso como el de todo el recorrido que hemos hecho.

Aunque soy alérgica a los gatos, he de reconocer que es un sitio con muchísimo encanto.

Partimos rumbo a Santorini, una de mis islas favoritas. Llenas de casitas blancas con techos pintados de azul celeste. Dicen que hay una iglesia por cada día del año, porque cada familia tiene una iglesia propia que abre sólo cuando quiere celebrar su santo.

Día de calor horrible donde los hubiese.

Llegamos al tercer día a Atenas, la cuna de los juegos olímpicos.

Tras pasar en primer lugar por el estadio olímpico, nos dirigimos al Partenón. Impresiona aquel conjunto de piedras con tanta historia. Cuando yo fui hace dos años lo estaban restaurando y en la actualidad siguen con ello.

Para vuestra curiosidad os diré que aunque parece que sus líneas son rectas con una regla, ninguna de ella lo es.

Y como no, vimos también las famosas cariátides, que no son las auténticas porque las tres que se conservan están en museos.

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Cuarto día de viaje....yo me dormía en todos los autocares, madrugones sin parar pero merecía la pena para ver esas maravillas.

Llegamos a Olimpia.....donde se encuentra el pebetero en el que se enciende la llama olímpica.

Allí se preparaban todos los que competían en las olimpiadas.

Un conjunto de piedras que nos recuerdan lo difícil que tenía que ser construir nada en esa época por la magnitud de las mismas.

Os muestro una rueda de una columna.

Quinto día, salimos de las islas Griegas para parar en Dubrovnik, Croacia.

Una ciudad preciosa con un encanto espectacular. Un aire medieval incomparable. Igual de incomparable que los 38 grados que había a las 9 de la mañana.

Sexto día, llegada a Italia, el último puerto antes de nuestra ciudad de destino.

Venecia, ciudad romántica donde las haya (junto con París). La plaza de San Marcos llena de palomas te da la bienvenida. Por no hablar de los gondoleros que llenan los canales. Un lujo que nadie debería perderse.

Y finalizó nuestro viaje de nuevo en Bari.....vuelta a Madrid, pero a la espera de una salida hacia Fuerteventura en Gran Canaria, en la que sólo hemos descansado y tomado el sol. Además de leer, que me encanta hacerlo en verano.

No quiero terminar sin enseñaros las puestas de sol de las que se puede disfrutar desde la terraza del camarote del barco. Para mí, de las mejores cosas.

Son las 19:15h, os dejo.

En Madrid, a 29 de agosto nos estamos achicharrando de calor!!!.

Un bso